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La estrategia comunicativa de Trump

Por Anna Alonso

El problema o la suerte –según se mire– de Trump es que habla muy claro.

Recientemente, la periodista Ima Sanchís, de La Vanguardia, entrevistaba a un filósofo norteamericano, Jason  Brennan, convencido de que no todos los ciudadanos estamos preparados para votar. Según Brennan, «igual que una persona que está bebida no deberían conducir,  las personas que no saben lo que están haciendo no deberían votar, porque nuestro voto afecta a otras personas». Brennan explica cómo, en la práctica, muchas personas votan a candidatos que tienen planes políticos contrarios a sus ideas y que no les benefician. Así, concluye: «Probablemente la democracia sea el mejor sistema, pero tiene un problema intrínseco de incentivos. Se incentiva a las personas a no pensar políticamente y al mismo tiempo se les requiere que tomen decisiones complicadas que van a dar lugar a errores como el Brexit o Trump».

¿Es Trump el político que la sociedad norteamericana verdaderamente deseaba o los ciudadanos le votaron por ignorancia y/o falta de información? Cuando veo a Trump y leo y escucho sus declaraciones (como el «que no vengan» último, referido a los niños migrantes que cruzan la frontera con México y les separan de sus familias), me doy cuenta de lo tonto o inteligente que Trump, por hablar tan claro.

Seguro que muchos sociólogos y expertos en comunicación política saben con detalle a qué responde la particular (no) estrategia comunicativa del presidente de EEUU, y qué precedentes existen en la historia y cuáles fueron las consecuencias de sus decisiones. Pero cuando le veo hablar o decir cosas en Twitter, como si estuviera en una sobremesa entre amigos, con ese tono, esos gestos… me provoca y no dejo de sorprenderme, y vuelve a mi el titular de la entrevista a Brennan: “Las personas que no entienden de política no deberían votar”. ¿O sí?